Las ventajas de fijar un propósito

Descripción breve:
Las ventajas de fijar un propósito

Las ventajas de fijar un propósito.

Caminar sin fijar un objetivo te impide observar los avances en tu proceso. Cuando aprendes algo o inicias un proyecto, has de saber hacia dónde te diriges para poder evaluar el progreso, ver si los medios que estás utilizando son eficaces, y poder reconocer si ya has llegado o en qué etapa te encuentras.

No fijar un objetivo o tener varios contradictorios hace que cualquier final parezca “aceptable”, deja a la mente a merced de automatismos y siembra las semillas del desaliento, del fracaso, de la sensación de incapacidad y de la desilusión. Algunos pueden pensar que si no se fija una meta, no te arriesgas a no conseguirla, o que todo lo que vaya llegando a tu vida debe ser bienvenido así que ¿para qué fijar un objetivo? Pero observemos esto atentamente. ¿Qué hay debajo de este punto de vista? El miedo al fracaso, la falta de confianza en uno mismo y el deseo de seguir manteniendo que nada cambie, de no hacer ningún movimiento por ir más allá de los conflictos o limitaciones, de no entrenar la atención. Una cosa es aceptar lo que viene y aprender de ello y otra muy distinta es no discernir entre lo que es miedo o amor y vivir sin conciencia por desidia, pereza o falta de motivación.

Es cierto que todo lo que llega en la vida es lo adecuado. ¿Pero lo adecuado para qué? Siempre puede ser utilizado para darse cuenta de lo que uno valora realmente y ganar perspectiva, de forma que se pueda ver si tiene valor realmente o si lo que conlleva no es algo que nos haga felices. Desde ahí, todo lo que viene conviene. Pero tengamos en cuenta la ley de causa y efecto. Todo lo que viene es producto de lo que ya está en la mente, y gracias a eso podemos aprender qué pensamos y cuáles son nuestras creencias, si están equivocadas o no. Y aprender significa cambiar, entrenar el prestar atención. Si no se pone un mínimo de observación, lo que viene pasará inadvertido y se mantendrá intacto. No son las cosas que pasan lo que nos hace aprender, sino la decisión interna de hacerlo. Y eso en sí mismo es ya un propósito. Dejar a la vida actuar sin más, sin tomar conciencia y observar, es dejar que el ego campe a su anchas en un espacio que ya conoce bien y en el que se siente cómodo, ya que no hay nada más que esté activo. Ni atención ni conciencia. Es dejar sueltos los clavos de nuestro propio tormento, pues el único objetivo del ego es generar desánimo y frustración.

“Propósito es significado. La idea de hoy (“no sé cuál es propósito de nada”) explica por qué nada de lo que ves tiene significado. No sabes para qué es. Por consiguiente, no tiene significado para ti. Todo existe para tu beneficio. Para eso es para lo que es; ése es su propósito; ése es su significado. Al reconocer esto, tus objetivos se unifican. Al reconocer esto, lo que ves cobra significado”.

Ese propósito unificado hace que todos los recursos de los que uno dispone se pongan al servicio para conseguirlo, lo cual garantiza un avance sistemático y seguro al no haber contradicciones internas y al estar respaldado por cada una de las partes. Eso es requisito previo para la integridad, para que cuerpo, emoción, mente y espíritu dejen de estar en contradicción. Así todas las acciones serán conscientes y reflejarán un estado mental sintonizado con el espíritu, lo cual se reconoce por un estado emocional de paz o de felicidad, al estar realizando la función que uno vino a hacer aquí. Así toma otra dimensión la frase que dice “por sus actos los conoceréis y ellos se conocerán a sí mismos”.

Hay una resistencia a pasar a la “acción consciente”, ya que esta refuerza el aprendizaje y permite que el verdadero cambio se asiente en la mente. Esta acción consciente puede ser cualquier actitud diferente del automático. En ocasiones será actuar de modo innovador, o incluso alocado o suicida a los ojos del ego. En otros momentos puede ser no actuar, es decir, no reforzar el comportamiento o las reacciones habituales dictadas por los principios del miedo y la culpa. Y también puede ser practicar el darse cuenta de desde dónde se actúa.

Esta resistencia surge por una falta de comprensión de las motivaciones que se encuentran detrás de los comportamientos automáticos, por una adicción a un estado emocional habitual que suele ser disfuncional, por una búsqueda de la satisfacción y de la felicidad erróneamente enfocada y dirigida hacia la disfuncionalidad, acorde a la premisa del ego de “busca pero no halles”, por el miedo al cambio o porque actuar y pensar de otro modo llevaría la contraria a los principios y pilares de lo que creemos ser y de lo que hemos construido a partir de esa idea. Preferimos una habitual incomodidad frustrante asociada a nuestra área de confort que un esfuerzo y un reto incómodo al inicio que nos llevaría más allá de esa zona mediocre hacia una mayor realización.

Estas resistencias se manifiestan físicamente en desorden, relaciones conflictivas, alimentación compulsiva y emocional en lugar de nutritiva y equilibrada, adicciones a sustancias como drogas, alcohol, azúcar o ciertos alimentos, escasez económica o falta de atención en cuanto al uso del dinero, una sexualidad vacía o compulsiva, y un largo etcétera de disfuncionalidades en todos los ámbitos de la vida.


“Tu mente ya no está completamente sin entrenar. Estás bastante listo para aprender la forma de ejercicio que vamos a utilizar hoy, pero es posible que te topes con una gran resistencia. La razón es muy simple. Al practicar de esta manera, te desprendes de todo lo que ahora crees y de todos los pensamientos que has inventado. Propiamente dicho, esto constituye tu liberación del infierno. Sin embargo, si se percibe a través de los ojos del ego, es una pérdida de identidad y un descenso al infierno.Si te puedes apartar del ego, aunque sólo sea un poco, no tendrás dificultad alguna en reconocer que su oposición y sus miedos no significan nada”.

El ego nos dice que las alternativas a la culpabilidad y al malestar son el olvido, el sueño y la muerte. “No mires aquí, que puedes encontrarte con problemas y tener que afrontarlos”, “anestésiate con comida, azúcar o entretenimiento y verás cómo esto se pasa”, “en otra vida, en el más allá o en el vacío de la muerte ésta pesadez y éste problema habrán desaparecido”, “ojalá estuviese en otro lugar o fuese otra persona”… Multitud de planteamientos evitativos o irresponsables que nos repiten que somos víctimas del mundo, impotentes ante una voluntad ajena que nos somete cruelmente, perezosos y torpes a la hora de vivir, e incapaces de afrontar nada, cambiar o ser felices. Cualquier cosa menos prestar atención y estar alerta.

“El propósito de tu aprendizaje es capacitarte para que la quietud te acompañe donde quiera que vayas, y para que cures toda aflicción e inquietud. Esto no se consigue evadiendo tales situaciones y buscando un refugio donde poder aislarte”.

Si fuésemos conscientes de la falta de amor que estos planteamientos refuerzan en nuestra mente y de los efectos que experimentamos, no les prestaríamos oídos. Para dejar de seguir sus dictados necesitamos tener una experiencia real de otra cosa, de algo más sólido y seguro; algo más digno de nuestra fe y que realmente esté ahí. Necesitamos sentir algo en lo que depositar la fe o la confianza a medida que la retiramos de esa idea mediocre que tenemos de nosotros mismos, que va inexorablemente asociada a un cuerpo y a su pasado. Necesitamos dejar que todos esos atributos equivocados sean corregidos y poder así experimentar la fortaleza, la paz y el poder absolutos de nuestra mente original.

Quedémonos en silencio y pidamos que ese Ser que está en nuestra mente y que nos mantiene existiendo nos sea revelado. Pidamos ayuda para afianzar ese propósito, claridad para no dejarnos distorsionar con inercias aprendidas, voluntad para mantener nuestra atención en ese objetivo en cada situación que se presente, más allá de las formas y apariencias que vengan a asustarnos y a atraernos al pasado y a la mediocridad. Tomemos conciencia de que sólo la conexión con esa parte de nosotros nos hace íntegros, disuelve los conflictos y actúa como corrector tanto en nuestra propia mente como en lo que nos rodea. Al manifestarse a través de nosotros evoca dicha conexión en los demás y así se extiende, siendo esta la única forma de cambio real en el mundo.

Un conflicto no puede ser resuelto dentro del mismo marco en el que se originó. Es necesaria otra referencia, una que esté más allá y que permita una visión más amplia. Y en esa visión aparecerá con claridad la falta de sentido de unas premisas y la veracidad y solidez de otras. En ese momento el conflicto se desvanece, pues ya no hay dudas ni vacilaciones. Puede seguir apareciendo el hábito durante un tiempo, pero es como un eco que va perdiendo fuerza al no tener ya una causa activa. No puedes luchar contra esa imagen pobre e incapaz de ti mismo. Cuanto más luches más fuerte se hará ese fantasma para ti. Cada golpe, cada batalla, cada aporte de energía y de oposición lo fortalecen. Es mucho más eficaz observar su incoherencia y su falta de sentido, su despropósito, y poner la atención y la energía en lo que sí lo tiene. Pasarlo por alto cada vez que vuelva a aparecer su llamada porque se tenga otra que resuene más en nuestro interior. Así la guerra desaparece, el conflicto mengua y simplemente se redirige la atención a nuevas formas de ver, a otros pensamientos. Esta práctica continua es lo que a la larga ofrece resultados. Y para mantenerla y que sea algo consistente el propósito ha de estar claro y ser comprendido plenamente.


“No permitas que tu intención vacile en presencia de aquellos pensamientos que vengan a distraerte. Comprende que sea cual sea la forma que adopten, no tienen sentido ni poder. Reemplázalos con tu determinación de triunfar. No olvides que tu voluntad tiene poder sobre todas las fantasías y sobre todos los sueños. Confía en que tu voluntad te apoyará y te llevará más allá de ellos”.

No se trata ahora de castigarse cada vez que uno se desvía o pierde de vista el propósito. Es más útil, pues el castigo nunca lo es, preguntarse dónde está la falta de comprensión en ese momento. Qué estoy valorando distorsionadamente, qué es lo que aun considero que me puede aportar seguridad que, por el resultado emocional, me está diciendo que no soy feliz y que tengo miedo en cualquiera de sus formas. Preguntarse y aprender, volver al propósito lo antes posible y comprender qué es lo que nubló mi mente por ese tiempo. Así el aprendizaje va poco a poco siendo más feliz y consistente. Se elimina la carga de exigencia, culpa y fracaso, y aparece un nuevo motor: la sensación de estar haciendo lo correcto. Poco a poco el propósito se irá convirtiendo en la realidad cotidiana, integrándose y llevándonos más allá de sí mismo.

Así se restaura la realidad en tu mente y te vuelves un medio a través del que la verdad se manifiesta en este mundo. Por lo tanto, no te olvides de tu propósito hoy, ya que puedes reconocer que es lo que realmente quieres y que tienes la capacidad para ir más allá de los obstáculos y distracciones que tu mente te plantee. Tienes derecho a lograrlo porque esa es tu naturaleza. Recuerda que no hay grados de dificultad, y que los logros irán unificando tu mente y haciendo los ajustes necesarios para que no quede ni una sombra de conflicto en ella. Así pues, en este propósito de sanar se encuentran tu liberación de los automatismos, del miedo y la frustración, y tu verdadera función, que no es otra que ser feliz.

“Lo que quieres se te concede”.


María Vázquez.
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